jueves, 13 de marzo de 2008

REFLEXION PARA REUNION DE ORACION - Miércoles 12-03-08

DESAFIADOS A MARCAR LA DIFERENCIA
Texto: 1ª. Juan 2:1-11
Si hablamos de desafíos, creo particularmente que uno de los grandes desafíos de la iglesia del siglo XXI es poder marcar una diferencia notoria con el resto de las personas.
Hoy es relativamente fácil ser cristiano y eso trae aparejado que en muchos casos la calidad de vida cristiana tenga un nivel por debajo de lo necesario para impactar nuestras sociedades.
Creo firmemente que la brecha entre quienes pertenecen al reino de Dios y quienes no, debe agrandarse y no achicarse, si la maldad va en aumento, entonces la diferencia entre unos y otros debe notarse cada vez más y no creo que eso esté sucediendo.
En este pasaje el Apóstol Juan nos deja algunos desafíos relacionados con lo expresado anteriormente

I- Desafiados a no pecar – vs. 1-2
1 Mis queridos hijos, les escribo estas cosas para que no pequen. Pero si alguno peca, tenemos ante el Padre a un intercesor, a Jesucristo, el Justo.
2 Él es el sacrificio por el perdón de nuestros pecados, y no sólo por los nuestros sino por los de todo el mundo.


Hay dos verdades que sobresalen en estos vs.

A- La voluntad de Dios para sus hijos: No pequen
B- El remedio divino para el pecado: La sangre de Cristo

Generalmente corremos el riesgo de enfatizar una de estas verdades mas que la otra y esto nos priva de tener una visión completa de lo que Dios nos está diciendo.
Yo creo de manera absoluta en el valor de la gracia, del perdón de nuestros pecados por la sangre de Jesucristo y esto la iglesia lo ha enfatizado bastante, especialmente al tratar con este pasaje. Sin embargo el pasaje empieza con la declaración de la motivación de Juan al escribir este libro, “para que no pequen”. Esta verdad no debe perder fuerza por el énfasis puesto en la verdad siguiente. Por el contrario ambas verdades juntas componen una tremenda verdad y es que el pecado es cosa seria. Por lo tanto no debe minimizarse ni ser tomado a la ligera.
Es cosa seria porque Dios nos dice específicamente que no pequemos. Si se toma el trabajo de manifestarlo tan específicamente es porque lo toma realmente en serio.
Es cosa seria también porque de otra manera Dios no hubiera pagado un precio tan alto por algo que carece de importancia.
Por ello es que no debemos pensar que es normal vivir pareciéndonos cada vez mas a los parámetros de este mundo, sino por el contrario somos desafiados por la Palabra a no pecar y de esta manera marcar una diferencia notoria entre ambos reinos.

II- Desafiados a ser consecuentes – vs. 3-6
3 ¿Cómo sabemos si hemos llegado a conocer a Dios? Si obedecemos sus mandamientos.
4 El que afirma: «Lo conozco», pero no obedece sus mandamientos, es un mentiroso y no tiene la verdad.
5 En cambio, el amor de Dios se manifiesta plenamente en la vida del que obedece su palabra. De este modo sabemos que estamos unidos a él:
6 el que afirma que permanece en él, debe vivir como él vivió.

Estos versículos nos desafían a ser consecuentes entre lo que decimos y lo que hacemos.
La pregunta con la que empieza es reveladora. La evidencia inequívoca de nuestro conocimiento de Dios no tiene que ver con lo que sabemos de la Biblia, o los años que estemos en la iglesia, ni los cargos que ocupemos o el servicio que desarrollemos, tiene que ver decididamente con nuestra conducta y la obediencia a los mandatos divinos.
Hay aquí dos verdades claras que nos enseñan donde radica la efectividad de la vida cristiana.

A- El conocimiento de Dios es mas que palabras
B- Nuestras palabras deben ser avaladas por nuestra conducta

Ser consecuentes es lo que le da valor a la palabra. El Apóstol dice: “el que dice”, “el que afirma debe…”
Así como el valor de la moneda de un país depende de sus reservas en oro, de la misma manera sucede con nuestra palabra, con nuestro testimonio verbal, el mismo tiene valor en tanto esté respaldado por una conducta consecuente con ese testimonio.


III- Desafiados a vivir en la luz – 7-11
7 Queridos hermanos, lo que les escribo no es un mandamiento nuevo, sino uno antiguo que han tenido desde el principio. Este mandamiento antiguo es el mensaje que ya oyeron.
8 Por otra parte, lo que les escribo es un mandamiento nuevo, cuya verdad se manifiesta tanto en la vida de Cristo como en la de ustedes, porque la oscuridad se va desvaneciendo y ya brilla la luz verdadera. 9 El que afirma que está en la luz, pero odia a su hermano, todavía está en la oscuridad.
10 El que ama a su hermano permanece en la luz, y no hay nada en su vida que lo haga tropezar.
11 Pero el que odia a su hermano está en la oscuridad y en ella vive, y no sabe a dónde va porque la oscuridad no lo deja ver.


Otras dos verdades reveladoras se mencionan en este pasaje. Dos verdades que nos enseñan como permanecer firmes.

A- La Luz nos libra de tropezar
B- La oscuridad no nos permite ver donde vamos

Estas verdades proceden directamente de las anteriores. El desafío a no pecar y el desafío a ser consecuentes, nos lleva a este nuevo desafío de vivir en la luz.
Aunque aquí se toma el ejemplo del amor al hermano, entiendo, de acuerdo al contexto, que bien podría citar cualquier otro mandamiento.
La enseñanza clara está centrada en mostrarnos los peligros de la incongruencia entre lo que afirmamos y lo que realmente hacemos.
¡Qué diferente es caminar en plena luz a caminar en la oscuridad!
¿Nos damos cuenta que muchos de nuestros tropiezos, golpes, caídas y dificultades en nuestro diario caminar proceden de andar en la oscuridad y no en la luz de la obediencia a la Palabra?
Creo que todos estos desafíos apuntan a lo dicho al comienzo de esta reflexión, apuntan a un desafío mayor, al gran desafío que enfrenta la iglesia hoy: MARCAR UNA REAL Y VISIBLE DIFERENCIA ENTRE SER CRISTIANO Y NO SERLO.

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